lunes, 29 de octubre de 2012

La última vez que estuvimos solos.

Y era una tarde de caída de hojas, de color marrón claro, agradables a la vista, en donde tú me viste llorar una de mis primeras y últimas veces.
¿No lo recuerdas aún?
Quisiera hacerte refrescar esos recuerdos, donde me abrazaste una vez, y me consolaste de mi llanto desesperado. ¿Tienes alguna idea por ahora, de cómo hacerlo?
Tampoco yo...

Y es que, sembrando y cosechando todo lo que sentí en aquellos años, ausentes, sombríos en mi profunda amargura, no valen la pena traerlos de vuelta a la consciencia.
¿O tú qué creés?

Tomaste mi sombrero, viste mis lagrimas caer a la tierra, como si se las estuviera tragando, y de ahí pronto crecería una flor. Una flor tan bella como tu mirada.
¿Sigues sin creerme?
Me arrullaste un poco, pues estaba inconsolable, me tomaste entre tus brazos y me recostaste en tu vientre, quitandome del viejo tronco donde me apaciguaban mis lágrimas.

Me dijiste cosas muy bellas, y aún recuerdo el aroma de tus dedos, acariciándome los cabellos, mientras caían y caían las hojas, haciendo un mar incansable de ensueño.
¿Qué tantas cosas me habrás dicho? ¿Qué yo sólo pensaba sollozando en cómo podría amarte de la cabeza a los pies, con riguroso sabor de mis labios, querida?

Me dormi en tus piernas, y cuando desperté, tus pies blancos, descalzos, con los dedos afuera, se movían como pequeños gusanitos en la hierba. Qué hermosos eran, como si fueran pedazitos de melcocha, bombón y demás dulces de azúcar, que quería acariciar en mi rostro, mojado por la soledad.

Me miraste una vez más.
"—¿Estás más calmado ahora?"
"—Si, ahora me siento mucho mejor."
"—¿Verdad que sólo necesitabas un abrazo?
"—Eso pareciera, aunque me siento triste todavía, y solo."

Una mueca se desplego volando de tu rostro, y me retiró tu mano los cabellos que tapaban mis ojos del llanto.

"—Bésame, antes, y ahora, pero no después de que sea demasiado tarde, ¿me oíste? Bésame."
Obedecí.

El beso fué largo, pero lo sentí tan corto como el sonido que hacía una hoja al crujir con tus delgados pies de fuego.
Después de eso, te fuiste...

"—Es ahora cuando es demasiado tarde."
"—Pero..."
"—Ya nos encontraremos en un futuro, —susurró— En un futuro no muy próximo, pero ni tan lejano para que entres en melancolía de nuevo."
 "—..."

Te desvaneciste entre el paisaje de hojas verdes marrón, y ya no te ví.
Mi voz ya no te tocaba, por más que yo gritara.
Ya no estabas ahí, y hoy, sigues sin estarlo...

Y aquella, fué la última vez que estuvimos solos.




"Si me vas a amar, procura no olvidarme nunca."